viernes, 12 de julio de 2019

Nunca te dediqué una canción de Sabina.









Lo peor del amor cuando termina 
son las habitaciones ventiladas,
el solo de pijamas con sordina,
la adrenalina en camas separadas.
Lo malo del después son los despojos 
que embalsaman los pájaros del sueño,
los móviles que insultan con los ojos
el sistole sin diástole ni dueño.
Lo atroz es no querer saber quién eres.
Agua pasada, tierra quemada.
Que de igual esperarte o que me esperes.
Que no seas tú entre todas las mujeres.
Que la cuenta está saldada.
Las canciones de amor que no quisiste 
andan rodando ya por las aceras.
Las tocan las orquestas de los tristes 
pa que baile Don nadie con cualquiera.
Las maletas que llegan sin tu ropa 
giran perdidas por los aeropuertos
La pasión cuando pasa es una copa 
de sangre desangrada en el mar muerto.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Todos los sentidos en todos los lugares.

Me has mirado salvajemente a la cara y ahora no puedo olvidarte. Te veo en los rostros descentrados de todas las personas que corren porque van a perder el tren en esta estación. Te veo también en el movimiento giratorio del café que bebo para no soñarte tanto. Te veo además en los últimos cinco segundos en los que el sol se pone por completo. Te veo incluso en los lugares donde jamás has estado.

Te has dejado el olor en mi piel y ahora no puedo ir a ningún sitio sin llevarte. Te huelo en la ropa que recojo de la azotea. Te huelo también en los cuerpos de otras gentes que pretenden hacer de ti al cruzarse conmigo por la calle. Te huelo además en mi propia casa, aunque fume, aunque cocine, aunque me perfume, aunque ventile. Te huelo incluso cuando al mar.

Mis sábanas tienen grabada la forma de tu cuerpo y ahora la cama es incómoda si no estás. Te toco cuando introduzco las manos en la arena de la playa y la agarro fuerte para después dejarla caer despacio. Te toco también cuando acaricio la hierba recién cortada del parque de mi infancia. Te toco además cuando a mi guitarra. Te toco insluso cuando me toco.

Hace tiempo que no bailas en mi cocina y ahora a todo le falta una pizca de ti. Te saboreo en el vaso de horchata de después de una siesta llena de sexo, el que me bebo con los ojos cerrados y de una sola vez. Te saboreo también en el primer muerdo a alguna fruta tropical, y el jugo me chorrea por la barbilla, pero no me limpio, no, porque quiero que sigas bajando como cuando... como cuando. Te saboreo además al probar bocados nuevos, con la incertidumbre por el desconocimeinto absoluto sobre qué ocurrirá en tu boca. Te saboreo incluso cuando hace días que no te beso.

Hay un verso para ti en cada canción y es el que ahora grito a viva voz queriendo que me escuches en cualquier lugar del mundo. Te escucho también en la poesía que recitan enamorados correspondidos. Te escucho además en las historias que cuentan las lenguas de mi tierra. Te escucho incluso cuando ni siquiera hablas, en mi cabeza, dando el mejor concierto de mi vida , solo para mi.


jueves, 8 de febrero de 2018

Pequeña confesión.

Está en mi naturaleza retractarme de toda decisión que tomo en un momento de enfado, rabia, aspereza, o frustración sentimental.
Odio esa parte de mí, me hace caer millones de veces en la misma piedra. Esa piedra se llama pérdida de todo egoísmo emocional, de toda empatía conmigo misma, de toda solidez en mi integridad como ser sentidor. Lo cierto y peor es que casi siempre se me pasa todo cantando a toda hostia una canción de Estopa, bailando desnuda en el baño, tomando café con Macarena o leyendo ensimismada algo que momentáneamente distrae mi resentimiento y disminuye mi lastre de rabia.
Esto me pasa por ir siempre con el pecho abierto de par en par y por, a pesar de imaginar revoloteando las consecuencias avinagradas alrededor de mi costado que me harán sentir el mayor de los escozores después, lanzarme a sentir como se lanza un niño a un charco con la ropa limpia, como el que salta de una avioneta con la despreocupación de si se abrirá o no el paracaídas de emergencias, como se adentran las aves en el mar, dispuestas, a bocajarro, para capturar a los pobres peces que se encuentran en la superficie, como entra la luz cuando tu habitación se orienta al Este al correr las cortinas por la mañana. Podría seguir con un interminable etcétera de aperturas, saltos o entradas de cosas en otras cosas, pero acabaría incluso proponiendo ejemplificaciones sexuales que ahora mismo no vienen al cuento. A lo que voy es a que seáis conscientes conmigo de mi soberana estupidez y de mi torpeza absoluta a la hora de mirar por mí misma y por mi futuro emocional cuando se trata de sentir.
Lo reconozco, tengo los cajones vacíos de recetas que salen como muestra la foto. Improvisar y usar ingredientes por intuición se me da mucho mejor que medir cantidades y calcular proporciones. Combinaciones de sabores que harían perder el juicio a los mejores chefs se me antojan mucho más divertidas y emocionantes que las digamos, convencionales.
Todo esto es culpa suya, porque yo antes... yo antes colocaba exactamente como me decía el papel hasta la cerecita en lo alto del pastel. Ya veis, se llevó mi aversión absoluta a todo lo que no estuviera meticulosamente calculado. Pero eso es otra historia; joder, siempre acabo escribiendo de lo mismo.

Pero ya no hay vuelta atrás, ahora tengo que aprender a cuidarme siendo así.
¿Cómo se protege una de lo que la mantiene viva?

lunes, 13 de noviembre de 2017

Adoro.

Adoro que me ocurras 

tan                                                                 despacio.
Adoro la lentitud con la que todo pasa.






Adoro la casualidad

de que mis dedos tengan el polo opuesto al de tu cuello en un abrazo largo.
Adoro el contoneo de tu cuerpo 
cuando te vas después de no dejarme nunca.






Adoro florecerte 

porque traigas nuevas aguas y nueva tierra, 
y yo eche raíces incluso hacia dentro.







Adoro cómo el sexo 
                                                                   

                                                   aquella tarde tonta.
                                                              
                     antes que tú las escaleras 

  subió mucho




Adoro el invierno interno eterno 

de no saber de ti.






Adoro mirarte a los ojos


porque es bucear                                        impulsarme hacia arriba y coger aire.


                             

                             hasta tocar fondo y luego 







Adoro tu risa incontrolable 


descontrolándome.


Adoro tu playa y tu mar,  tu bahía y tu boca, tu costa y tu costado, tus dunas y tus dedos.

sábado, 14 de octubre de 2017

Vicio por perfeccionar en un día raro.

Quisiera mirarme al espejo y reconocer que soy débil cuando me juro respeto.

Realmente me siento absurda. Todas las promesas que me hago a lo largo del día, después las mastico con la cena y me las trago. Indigestión por la noche.

Es increíblemente deprimente escuchar a tu yo futuro deshacerse a carcajadas en el fondo de la cabeza de tu yo presente porque ni tú misma, en ningún tiempo, te crees que esta vez sea la última vez que te lo planteas.

Qué manía tengo de aferrarme a lo que me alza y después me deja caer, a las personas improbables, a las cosas con complejo de montaña rusa, al sinfín de vaivenes que vienen rápido y se van despacio, a lo imposible, a lo que me vuelve loca, a lo que me ahoga, a lo que me moja, a lo que me acelera el corazón , a lo que lo hace latir hasta sentir la circulación de mi sangre intensamente porque es bombeada con fuerza hasta detrás de mi oreja, debajo de mis uñas, en mi sien, en la punta de mis dedos, en mis párpados, incluso en.

Y  luego la resaca emocional, y esa sensación en la boca del estómago que no deja pasar nada, porque joder, otra vez es hora de cenar, y ya está todo dentro.

Todo esto es culpa de mi alma.
Me pregunto cómo se cose un alma de cristal.

martes, 11 de julio de 2017

Duele, así que ven.

Duelen de muchas verdades.
Duele acordarse del día en que tus padres te dejaron en el suelo después de haberte llevado en volandas por la playa por última vez, para ya nunca más volverte a alzar.
Duele darse cuenta de que si tuviste y echas de menos, entonces era amor y de que si tuviste y no echas de menos, entonces es un problema. Y eso era, un amor problemático.
Duele tener que querer a medias, no reconocerte entera con alguien a quien amas, jugarte la última carta, apostar lo que no tienes y mirar tus manos y saber que eres el crupier, que tú no participas en lo que creías tu partida.
Duele viajar a un lugar que era hogar y cerciorarse de que ahora es un hostal demasiado transitado incluso para pedir habitación doble con camas separadas.
Duele el duelo continuo contigo misma por odiarte cien mil veces a la hora, y quererte cien mil una.
Duele.
Por eso : llévame muy lejos, por favor.

Agárrame de la camiseta y embárcame en algún viaje que no tenga fecha de vuelta. Haz desaparecer este nudo que me ahoga desde hace semanas con algún viento que pegue desde otro costado que nos sea el mismo que me lleva despeinando todo este tiempo. Muéstrame sitios que ni tú conozcas pero que descubras conmigo y tengamos la misma cara de perplejidad, asombro, e ilusión; vamos a combulsionar. Hazme saber que hay un mundo en un rincón de alguna ciudad, que existen las dimensiones paralelas donde el tiempo corre hacia atrás, que un beso en una playa donde haga frío es la mejor de las hogueras y que los aviones no son el único medio de mirar la tierra por encima de las nubes. Convénceme de que me enamore de algún gesto tuyo y haz que me emocione cada vez que lo hagas. Tráeme de desayunar miel en tu boca, y dame un beso que se alargue toda la mañana. Llévame al baile, no sé, vamos a no peinarnos y a no usar ropa interior, vamos a no dejarnos de reír por quien pone la cara mas estúpida al ver pasar al tren con gente triste a la que hacemos sonreír. Sacúdeme el cuerpo con tus manos en mis hombros y grítame que estamos vivos, que es real y que nos va a coger la marea si no despierto del de sueño que me estas haciendo vivir. Haz que olvide lo normal, lo típico y lo tópico, lo vulgarmente canónico, lo estable, lo de siempre.


martes, 7 de marzo de 2017

Prinvierno.

Fíjate que ya no tengo claro yo si lo que me ha sumergido en el más profundo de los agujeros de la desesperación es una duda con tus miedos o una deuda con tus besos. Es invierno, y todo es color frío, azul-blanco quiero decir. Y tocas la guitarra en mi cabeza justo como no quería que lo hicieras jamás, por si después no pudiera oír ni a mi propia madre llamarme.
 Es invierno pero aun guardo el calor que me dejaste, el de tus pestañas cuando dormías.Y yo me calentaba en continua discordia con mis ganas, por si quería que despertaras o por el contrario me dejaras regodearme en ellas unas vidas más. Aun me quedaba sol por si acaso, si, el de detrás de tu oreja, el de entre tus piernas, el de encima de ti.De todos modos siempre voy a querer que me arropes más.

Pero desaparecerás, lo sé y el hielo se va a colar entre mis ventrículos taponando toda válvula de escape para mi. Y lo harás porque lo siento; sencillamente ya lo estás haciendo.
Y ya no habrá mas guitarra, ni más calor, ni mas tú.

Pero hey, que no pasa nada. Tengo la solución. Me ceñiré fuerte a cada gramo de ti que sueles concederme de vez en cuando, llegaré a conformarme con observarte desde fuera aun teniéndote mas dentro de mi que mi propio yo.
Pero es que siempre quiero más, aunque me mate.

Y después,  algún día, despegaré de tus manías y solo espero que me echen raíces las flores donde antes hubo hielo, que haya sol donde antes hubo frío, que florezcan, al poder ser margaritas, que me recuerden  al sol en medio de un blanco, el de la nieve, al invierno, a ti. Ya no podrás hacer nada.

Llega la primavera, hasta dentro de nueve meses.