Fíjate que ya no tengo claro yo si lo que me ha sumergido en el más profundo de los agujeros de la desesperación es una duda con tus miedos o una deuda con tus besos. Es invierno, y todo es color frío, azul-blanco quiero decir. Y tocas la guitarra en mi cabeza justo como no quería que lo hicieras jamás, por si después no pudiera oír ni a mi propia madre llamarme.
Es invierno pero aun guardo el calor que me dejaste, el de tus pestañas cuando dormías.Y yo me calentaba en continua discordia con mis ganas, por si quería que despertaras o por el contrario me dejaras regodearme en ellas unas vidas más. Aun me quedaba sol por si acaso, si, el de detrás de tu oreja, el de entre tus piernas, el de encima de ti.De todos modos siempre voy a querer que me arropes más.
Pero desaparecerás, lo sé y el hielo se va a colar entre mis ventrículos taponando toda válvula de escape para mi. Y lo harás porque lo siento; sencillamente ya lo estás haciendo.
Y ya no habrá mas guitarra, ni más calor, ni mas tú.
Pero hey, que no pasa nada. Tengo la solución. Me ceñiré fuerte a cada gramo de ti que sueles concederme de vez en cuando, llegaré a conformarme con observarte desde fuera aun teniéndote mas dentro de mi que mi propio yo.
Pero es que siempre quiero más, aunque me mate.
Y después, algún día, despegaré de tus manías y solo espero que me echen raíces las flores donde antes hubo hielo, que haya sol donde antes hubo frío, que florezcan, al poder ser margaritas, que me recuerden al sol en medio de un blanco, el de la nieve, al invierno, a ti. Ya no podrás hacer nada.
Llega la primavera, hasta dentro de nueve meses.
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