domingo, 18 de mayo de 2014
El pecado en mi cama, un lunes.
Escribo esto fumándome el cigarro de después de hacerlo con el pecado. Me confesó entre sabanas que le encantaba como le recorría los labios con mi lengua de madrugada, me miraba fijamente en mitad del tercer orgasmo de la noche y sus ojos me pedían que no parara hasta el amanecer del domingo, y estábamos a lunes. Me desvistió tras besos traviesos y me encontró seca para su sorpresa. De ahí partió su empeño por destrozar mi ropa, por encontrarme latidos en las esquinas mas recónditas de mi cuerpo, su afán incontrolable por hacer de mis ingles la estatua principal de su ciudad preferida, por morder mis muslos con fuerza, pero con amor, con ansia. Antes de todo, fui precavida y le advertí de que no soy caliente, pero si una chica ardiente por descubrir los misterios del deseo, por llegar a los límites de la locura, por hacer de un colchón un campo inmenso de trigo en verano. Busco el placer en cada diente que me muerda, en cada uña que se clava en mis caderas , en cada saliva que me moja, en cada punta de nariz que me recorre el ombligo. Entonces sus manos no dejaron ni un milímetro de mi cuerpo vacío. Mis dos mundos del tronco,eran su parte favorita.Juro que entonces, el pecado se vio incapaz de satisfacerme, y entonces entró en mi, como entra la alegría en una casa tras un nacimiento, como entra la tristeza en un corazón podrido de beberse decepciones, como entran unos dedos de alguien que amas en tí, lentos,sensuales,hasta el fondo, como entra la vida por tus entrañas cuando vences miedos. Y entonces, y solo entonces juré llegar al culmen de la fantasía mas ansiada, llegue a sudar melancolía por los poros con sabor a lujuria . "Qué difícil eres de complacer"me gimió mordiendo el lóbulo de mi oreja. Después salió de mi y a mi se me cayeron las palabras, me quedé sin atardeceres, me desprendí de toda paz. Todo se tornó de negro, color final. Y mientras el pecado se vestía yo lo contemplaba semidesnuda desde mi cama, peleándome con mi misma por haberlo dejado ir. Cada prenda que se ponía era una daga mas en mi costado recordándome que ya jamás volvería a tenerlo. Entonces camino de la puerta,por el pasillo, se giró y me lanzó un te quiero en un soplo, y me apagó.
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