sábado, 19 de abril de 2014

Creo.

No me gusta hacer caso a la precaución. Siempre me hago más daño con lo que imagino que con lo que en realidad es. Soy stereosexual. Me atrae lo raro. Soy el fallo positivo. Miro al horizonte y no pienso en mi amor, pienso en que de mayor quiero ser una cebolla para hacer llorar cada vez que alguien se atreva a rozarme. No me gustan las cosquillas , ni el chocolate, ni  la cerveza, ni el color rojo, ni arreglarme como a cualquier chica. Cuando me pica me pienso si rascarme o no, tengo que seguir haciendo honor a mi pereza, y cuando me doy cuenta ya se me ha pasado. Meto el dedo en los pasteles para probarlos aún a sabiendas que no los soporto. Me pido un helado que no me gusta, pero que me gustaría que me gustara.  Yo me fumo un cigarro antes del polvo (también).  Que si ese día la tortilla da la vuelta, veréis que pocos nos quedamos en cubierta.  
Esto que estoy escribiendo es la cosa con mas sentido (no) que ha salido de mis teclas, de mis dedos, de mi boli. Siempre pensé que somos copias mal copiadas de otras copias. Que la originalidad pasó a la historia como todo lo que no tiene sentido. Me ha entristecido darme cuenta de que el mundo está recién pintado, y ninguno de nosotros hemos pillado brocha, pero es nuestro. Me refiero a que nos creemos que somos diferentes, originales. SIN EMBARGO:
Aunque parezca mentira, lo que he escrito ahí arriba es cierto. Por eso aún siento un pelin de esperanza en la raza humana, que me hace creer en la diversidad, en las caras distintas, en las mentes diferentes, en las personas que constituyen fuentes donde es un placer bañarse, en las manos que rozan como no lo hacen cualesquiera, en los ojos que no solo miran sino que traspasan, en los labios que no solo besan sino que invaden, en los ombligos que no solo son agujeros sino que pueden llegar a ser universos si una se los recorre en condiciones. CREO EN EL SER HUMANO.

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